
Pero estabas cansado, demasiado cansado para nuevas oportunidades, para nuevas metas y proyectos. Estabas cansado para que otra vez irrumpiera en tu vida, sin saber muy bien que papel me otorgarías en ella. Y ahi te quedaste, callado, con tu cigarrillo, mirándome directamente a los ojos, y diciendome lentamente que no me necesitabas -¿Quién te necesita a ti en el fin del mundo? -gritabas- ¿quién?- Te deje solo, a un lado. Y lo siento, pero no podía. No podía seguir creciendo si me aprisionabas las cuerdas cada vez que tenías miedo. Y ahi te quedaste, acabandote tu cigarrilloo inacabable, mirando todo menos a mí, porque sabias, que todo lo demás quizas no fuera cierto. Pero que si tu saltabas, yo lo hacia contigo. Aquello fue lo más sincero que escuchaste de mis labios: "Si tú saltas, yo salto."..