y agradecerte todos las veces que soportaste mis conversaciones. Agradecer que nunca me sentí mejor que cuando a tu lado estaba. Nunca me dí cuenta de lo que sentía por tí, hasta que te sentí lejos, muy lejos. Quiero decirte que no sé cuando dejaste de ser mi amigo y empezaste a ser mi amado. Quiero vivir en la verdad y decirle a todos que ya no aguanto esta soledad. Y aunque tengo a mis amigos, me sigues faltando en casi todos mis días. Decir que verdaderamente te extraño, aún cuando nuestras conversaciones no son largas. Contemplar tu belleza, que para mí es infinita, ver tus ojos, aquellos que aún no decifro de que color son. Abrazar al mundo pero contigo, escuchar la brisa vespertina a tu lado. Ver caer la lluvia en tu regazo, cubrirme del sol bajo tu sombra. Tal vez no entiendas como es que con el tiempo transcurrido, ya debiese haber alguien más en mi vida, pero no, el tiempo es un reloj que mide nuestro pasado, pero no mis sentimientos. No puedo reprimir lo que pasa en mi corazón y siempre te tendré en mi mente.
Ahora y solo ahora diré lo mucho que te quiero, como me cambia tu presencia. Agradesco a la vida el haberte conocido, y le agradesco más que me hayas permitido ser parte de tu vida, aun cuando solo fueron unas horas, unos momentos, unos instantes, un suspiro del universo. En algún momento oír al viento decir que nunca debiste haberme conocido. Como duelen las palabras que el viento lleva, y tal vez tengas razón, pero nunca lo oí de tí. Sabiendo que el viento me trajo palabras que dolieron más que tu ausencia. Jamás negué lo que siento por tí, pero en varias ocaciones lo he ocultado.
Apenas se de tí, poco según parece, y aunque cada vez quiero saber más de tí, nuestras vidas cotidianas y ordinarias, no nos permiten encotrarnos frecuentemente.
Cada noche desde que te conocí, abrazo la almohada, lloro en silencio, grito por dentro. Me estremece la tristeza, la agonía se profundiza y muere mi ser completo. Sufro en exceso, el licor no apaga el sufrimiento, entorpece mis movimientos, aumenta el dolor de mi pecho, en gran manera sufro, pero no dejo de pensar en tí. Estupida soy pues vivo, sobrevivo, dando dadivas de grandeza, siendo cortez, acrecentando mi status, alegrando mis días, pero tu ausencia, no la puedo remediar.
Más tonta aún, sabiendo que ni aún en tus peores pesadillas, me llevas, y aún así jamás te aparte de mi mente.
En esta carta amigo mío, amado mío, quiero decirte que si no se cruzan nuestros caminos en el futuro, que mi alma y mi ser siempre estuvieron esperando tu llegada. Te amo desde el momento que te abrazé, desde aquella noche que nos despedimos cuando dijiste que te agradaba estar a mi lado. Por lo tanto y aunque no lo creas, sigo enamorada de tí como cuando te conocí, como cuando te ví, y si tengo que sufrir toda la vida por quererte, lo sufro; antes de eso quítame el último suspiro de mi vida, con un beso.